El radón es un gas radioactivo que procede de la desintegración del radio. Es un gas inodoro, incoloro e insípido que se genera de forma natural por la descomposición del uranio presente en el terreno.

De forma natural, los seres humanos estamos expuestos a diario a radiación (procedente del espacio, producida en la corteza terrestre…) Sin embargo, se ha descubierto que la exposición al radón supone más de la mitad de nuestra exposición natural a la radiación. Por ello, es la más importante a tener en cuenta.

La presencia de radón al aire libre no supone un riesgo elevado para el ser humano puesto que éste se disuelve en la atmósfera y su concentración es muy baja. El problema se agrava cuando se concentra en espacios cerrados (mal o poco ventilados como sótanos y viviendas) y lo respiramos en niveles de concentración elevados.

El peor efecto de estar expuesto al radón es el peligro a desarrollar cáncer de pulmón. Después del tabaco, este gas es la segunda causa de cáncer de pulmón en el mundo.

La Unión Europea ha fijado una concentración de radón límite de 300 Bq/m3, por ello, el Consejo de Seguridad Nuclear español ha creado la cartografía del potencial al radón que vemos en la imagen inferior.

Mapa del potencial de radón en España. Fuente: CSN
En la imagen superior, vemos que las concentraciones de radón son habitualmente bajas, sin embargo, hay zonas en las que, por su composición geológica, es más probable encontrar niveles de radón elevados en los edificios.

El radón procedente del terreno, principal fuente de radón.

El radón presente en el interior de los edificios puede proceder directamente del terreno, de los materiales de construcción o del agua de consumo en el que previamente se haya diluido.

La presencia de radón en el agua se debe a que las aguas subterráneas han estado en contacto con rocas que contienen uranio. Sin embargo, salvo que se consuma agua procedente de manantiales o pozos; el consumo de aguas superficiales no es demasiado peligroso porque el radón se disipa rápidamente en contacto con el aire.

El radón procedente del terreno puede entrar en el edificio por grietas y fisuras o por elementos de la envolvente del edificio en contacto con el terreno (muros de sótano y soleras). En la imagen inferior vemos los puntos más usuales de entrada del radón, en orden numérico: cámara de aire, encuentro entre fachada y muro, materiales de la envolvente, junta de dilatación, grietas, encuentro con pilares, encuentro con elementos pasantes, escaleras abiertas.

Imagen 1: Puntos más usuales de entrada del radón procedente del terreno (fuente: CTE)

Normativa.

En España, el Código Técnico de Edificación exige que los edificios cumplan con unos niveles máximos de concentración de radón en los locales habitables de 300 Bq/m3. Esta exigencia se aplica en nuevas construcciones y en intervenciones en edificios existentes; clasifica los términos municipales en función del nivel de concentración y establece unas características mínimas de protección para cada caso.

Soluciones constructivas.

A continuación, vemos una relación de soluciones constructivas para evitar la entrada de radón en las viviendas y para disminuir su presencia una vez se encuentra en el interior de la misma. En función de las posibilidades de actuación y de los niveles de concentración del gas, habrá una opción u opciones más indicadas.

En el caso de edificios con solera de hormigón en contacto con el terreno las soluciones más adecuadas son las que evitan que el radón fluya al interior del edificio:

Imagen 2: esquemas soluciones que evitan la entrada del gas a los espacios interiores (fuente: CTE)

Solución 1: colocar una barrera de protección frente al radón

Solución 2: Sellar las fisuras, grietas, encuentros y juntas de la solera.

Solución 3: Emplear puertas estancas.

Solución 4. Crear sobrepresión en los espacios habitables.

Hay otras soluciones que se centran en reducir la concentración del radón antes de entrar en contacto con los locales habitables del edificio. De tal forma que, si se elimina el radón del interior de estos espacios, éste no llegue a los espacios habitables superiores.

Imagen 3: esquemas soluciones que reducen la concentración de radón (fuente: CTE)

Solución 1: Ventilar un espacio previo al local habitable como puede ser una cámara sanitaria o un local no habitable como un garaje.

Solución 2: Instalar un sistema de despresurización del terreno. De tal forma que se extraigan los gases del terreno próximo y se expulsen al exterior donde se diluirán en el aire.

Para reducir la presencia del gas radón en el interior de los espacios habitables, la mejor solución es que los espacios cuenten con una buena ventilación.

Imagen 4: buena ventilación de locales habitables (fuente: CTE)

La elección de la mejor solución va a depender de las condiciones constructivas de los edificios y del nivel de concentración del gas en el terreno; ya que, si la concentración es muy elevada, la reducción de la presencia del gas puede ser el resultado de la combinación de varias soluciones.

¿Y en los edificios pasivos?

Las viviendas pasivas, como las que no lo son, cuentan con sistemas que evitan la entrada del gas a los espacios habitables. La mayor ventaja que ofrecen las viviendas pasivas es que cuentan con un sistema de ventilación del aire que está funcionando continuamente y que garantiza una buena calidad del aire en su interior.

En conclusión, una vez conocida la presencia de este gas en nuestras vidas, hay que tratar de evitar que se concentre en nuestras viviendas, para ello, la solución es muy sencilla: VENTILAR MUCHO Y VENTILAR BIEN.

Esperamos que este artículo os haya sido de ayuda para esclarecer un poco qué es este gas y la importancia que tiene en nuestras viviendas.

No dudéis en consultarnos cualquier duda que tengáis.